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Caserío Hariztizabal, transmite lo ecológico

By octubre 19, 2021mayo 19th, 2022No Comments

Caserío Hariztizabal, transmite lo ecológico

Uno de los mayores problemas actuales del sector agrario y ganadero es que cada vez son menos los que se dedican a ello, y que las personas que quedan son cada vez mayores, lo que hace que sea imprescindible para garantizar el futuro del sector, buscar personas jóvenes que reemplacen a los actuales titulares. Además, quienes apostaron en su día por un modelo ecológico quieren que quienes les sustituyan sigan con el mismo modelo, lo que a veces dificulta el proceso de transmisión. Conscientes de esta problemática, las instituciones han propuesto varias subvenciones y ayudas para facilitar una primera instalación a la gente joven. Marilu Gardoki Galdos y Xabier Ormaetxea Akizu, del caserío Hariztizabal de Itsaso han vivido ese proceso después de vivir en el caserío más de 40 años.

Marilu Gardoki Galdos y Xabier Ormaetxea Akizu han desarrollado su proyecto de vida en el caserío Hariztizabal de Itsaso durante 40 años. Se trasladaron de jóvenes al caserío de sus sueños, y realizaron los “estudios básicos” durante los 10 primeros años teniendo como profesores a sus padres y madres, baserritarras de alrededor y otros agricultores y panaderos que elaboraban en ecológico.

¿Cómo fue aquel principio?

En aquella época hicimos de todo: reconstruir la casa, la huerta, el campo, el manzanal, las gallinas, los conejos, el pan, ovejas, cabras… Más adelante, aunque teníamos suficiente para abastecernos, nos especializamos en la venta: elegimos fruta y pan. Después llegaron las visitas didácticas de los centros educativos del entorno, los cursillos, la instalación de energía solar. Todas esas actividades las realizamos junto con otros y otras baserritarras, y las aplicábamos cada cual en su caserío. Realizábamos todos los trabajos entre tres personas.

Cuando comenzamos estábamos convencidos de que el caserío sería para toda la vida, pero según pasaba el tiempo nos dimos cuenta -debido al cansancio y a la enfermedad- de que no podíamos continuar con ese ritmo, que si reducíamos el ritmo de la actividad a nuestras posibilidades, nuestro proyecto caería con nosotros, ya que nuestros hijos contaban con sus propios proyectos fuera del caserío. Por lo que comenzamos a pensar en el relevo.

Puestos a pensar en ello, ¿cómo realizasteis el proceso?

En 2012 comenzamos a pensar en el relevo y estudiamos algunas posibilidades. Cuando coincidimos con Lurzaindia en 2016 comenzamos a ver la luz. El relevo apareció en 2018, fue una familia del grupo de consumo de Legazpia. Con ayuda de la asociación Biolur y de la administración, les ofrecimos formación durante un año en el propio caserío, y el día de San Isidro y San Honorato de 2019 formalizamos el contrato de relevo.

¿El hecho de haber optado por el modelo ecológico ha supuesto alguna dificultad en el proceso?

La mayor dificultad ha sido encontrar personas que tengan ganas de sumergirse en un proyecto agrario, el resto ha venido seguido. Nosotros no hemos recibido ningún tipo de ayuda de la administración pero Eneko (el relevo) sí, y gracias a ello ha podido dejar su trabajo y dedicarse al caserío.

El hecho de trabajar en el modelo ecológico sí ha influido, sin duda. Eran miembros de un grupo de consumo, y así nos conocieron y conocieron el caserío. Para Eneko y su familia esa filosofía ha sido muy importante a la hora de elegir su proyecto de vida.

Teniendo en cuenta vuestra larga experiencia ¿Ha habido transmisión de conocimiento?

La transmisión de conocimiento ha sido muy importante desde el principio. Ha sido y es uno de los pilares más importantes. Llevar un caserío es como hacer un doctorado (aunque la sociedad en general no es consciente de ello y no lo aprecia) y nosotros lo ponemos al mismo nivel. Esto no se hace en un año ni en dos, se necesitan muchos años, y hay que aprender mucho de los demás, y luego cada cual debe aplicar el conocimiento y comprobarlo en su propio caserío, dependiendo de las característica de cada cual y del propio caserío.

Cuando comenzasteis a pensar en alguien que cogiera el relevo, ¿Cuáles fueron vuestras prioridades? ¿Qué teníais en mente?

Para nosotros era muy importante acordar con ellos el futuro del caserío. No queríamos que todo nuestro trabajo se quedara en nada. Queríamos una continuidad, y que ellos desarrollaran su proyecto partiendo de ahí. De ese modo, no se perdería nada de lo aprendido, y tendríamos la oportunidad de transmitírselo a ellos.

Barajamos la posibilidad de crear una cooperativa, también la de venderlo todo. Gracias a Lurzaindia comprobamos que había otras posibilidades de transmisión y optamos por ellas. Creamos un grupo formado por asociaciones agrarias, agricultores y técnicos para crear Hegolurzaindia y hacer una apuesta firme, pero no conseguimos la aceptación por parte de la administración y de momento ahí está. Por lo que nosotros seguimos siendo los dueños del caserío. Queremos agradecer a Lurzaindia, a Biolur y al grupo mencionado el esfuerzo realizado, y esperamos que llegue el día en que se pueda poner en marcha Lurzaindia también en Hegoalde, ya que es necesario para ayudar en el relevo de los caseríos y para defender el suelo agrario.

Ahora que ha pasado ya tiempo, ¿cómo lo veis? ¿Estáis satisfechos con la decisión tomada?

Ahora estamos muy a gusto en un pueblo pequeño de Nafarroa. Aquí también hay cosas que hacer, y trabajamos en grupo, intentamos aportar soluciones, como hacíamos allí.

¿Cómo le va el proyecto a la familia que tomó el relevo del caserío? ¿Mantenéis el contacto?

Eneko y su familia llevan muy bien el proyecto, han mejorado lo que nosotros hicimos y lo han enriquecido con sus ideas.

Estamos cerca, y como nos llevamos bien, solemos ir a menudo, para profundizar en el proceso de aprendizaje y ayudar en lo que podemos.

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